
El Temazcal es un baño prehispánico que se generalizó entre las
culturas de meso América y cuyos vestigios más antiguos se hallan en
las zonas arqueológicas de Palenque en México y Piedras Negras en
Guatemala.
Aunque sus orígenes podrían ser más remotos: hoy en día se conocen y
utilizan estructuras provisionales hechas con varas y hojas, o
pieles o mantas, conocidas como Toritos, que bien pudieron ser la
fuente de ésta práctica.
Su uso a través de la historia ha sido tanto terapéutico como ritual
y ceremonial y su práctica sobrevive en la actualidad gracias a la
tradición oral de las distintas comunidades indígenas de México.
Su nombre de raíz nahua significa casa de vapor (Temaz - vapor,
calli - casa ).
Es una estructura cerrada de pequeñas dimensiones en la cuál se
introducen piedras porosas previamente calentadas al rojo vivo.
Sin embargo un primer elemento resalta para darle identidad propia
al baño mexicano: en él, no se vierte agua sobre las piedras para
producir el vapor sino una infusión de plantas medicinales.
El vapor es manejado, dirigido y aprovechado gracias a la
utilización de un ramo frondoso de plantas frescas con el que se
abanica. El día de hoy es una experiencia
conducida por un guía (temazcalero, curandero o sudador) que va
aplicando una serie de prácticas de índole terapéutica o ritual:
masajes, hidroterapia, aromaterapia, cantos, visualizaciones,
ejercicios de meditación y catarsis que sirven para orientar las
emociones y dinámicas del grupo.
¿Para qué sirve?
Actualmente se sabe que el Temazcal actúa depurando las vías
respiratorias y el aparato digestivo y tonificando el sistema
nervioso, así como también ayuda en problemas óseos, musculares y
ginecobstétricos a través del calor del baño y las propiedades
curativas de las distintas plantas medicinales que en él se
utilizan. No obstante, basta entrar a un temazcal
para reconocerle cualidades de orden espiritual.
La relajación que la experiencia genera incita a la introspección,
la reflexión, la atención plena y hasta una dilatada percepción del
transcurrir del tiempo.
Se trata, quizás, de una forma de experiencia de la temporalidad
divina que, como apunta Mircea Eliade, "Se presenta bajo el aspecto
paradójico de un tiempo circular, reversible y recuperable como una
especie de eterno presente mítico que se reintegra periódicamente
mediante el artificio de los ritos."
El temazcal considerado en uno de sus aspectos más simples como un
baño de limpieza, nos devuelve el carácter sacro y el espíritu
sabroso de una actividad cotidiana que actualmente practican la
mayoría de los mexicanos con asombrosa indiferencia.
Ignorando los orígenes y motivos de una actividad fundamental en la
conformación de los usos y costumbres de todas las culturas y
olvidando también, la enriquecedora práctica de uno de los hábitos
más sencillos que conforman nuestra cultura y nos relaciona y
vincula con muchas otras.
Sus características son singulares y excepcionales, su estudio no
puede mas que favorecer y enriquecer el conocimiento profundo de la
sabiduría popular que es fundamental para nuestra historia y nuestra
particular apreciación de las cosas.. |